LA LIBERTAD ECONÓMICA MODERNA SE CONSTRUYÓ SOBRE LA INVISIBILIZACIÓN DEL TRABAJO DE LAS MUJERES: RENATA ÁVILA



En el marco del III Congreso Internacional sobre Liberalismo “La desigualdad en las igualdades. La mujer en el liberalismo”, la diputada Renata Ávila, presidenta de la Comisión de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres, planteó una tesis contundente: el liberalismo económico no produjo un sujeto verdaderamente universal, sino una ciudadanía económica diferenciada por género.


Durante su ponencia “El papel de la mujer en la economía del liberalismo: exclusiones, continuidades y resistencias”, argumentó que la igualdad jurídica proclamada por el liberalismo clásico convivió históricamente con una desigualdad económica estructural. 


“La economía moderna definió como ‘productivo’ únicamente aquello que generaba valor intercambiable en el mercado, dejando fuera el trabajo doméstico y de cuidados que sostiene materialmente la vida. La exclusión del trabajo reproductivo no fue un descuido teórico, sino un límite constitutivo del propio orden liberal-capitalista. Al separar producción y reproducción, mercado y hogar, público y privado, se consolidó una división sexual del trabajo que permitió la acumulación sin reconocer el trabajo que la hacía posible”, sentenció la también economista. 


Ávila sostuvo que el liberalismo amplió derechos formales, pero no transformó las bases materiales que reproducen la desigualdad. La promesa de igualdad quedó incompleta porque nunca incorporó como eje económico central la sostenibilidad de la vida.


Asimismo, vinculó esta genealogía histórica con la crisis contemporánea de cuidados. “Hoy, cuando millones de mujeres enfrentan dobles y triples jornadas, precarización laboral y falta de corresponsabilidad social, se revela la continuidad de esa arquitectura conceptual que sigue considerando ‘extraeconómico’ lo que sostiene la reproducción social”.


La reflexión abrió un debate de fondo: no puede hablarse de libertad económica plena mientras el sistema descansa sobre trabajo no reconocido, no remunerado o precarizado. 


Para finalizar, señaló que revisar críticamente el liberalismo no implica negar sus aportaciones históricas, sino confrontar sus límites estructurales para avanzar hacia una igualdad que sea sustantiva y material.

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